sábado, 6 de agosto de 2011

Prozac y Ferraris

(Publicado en www.economiaypolitica.es el 4 de Agosto de 2011)


Aseguran muchos analistas y políticos que  las inyecciones monetarias y el gasto público nos salvaron de una depresión en 2008. No lo creo: es verdad que se redujo el shock, pero a cambio no se redujo el sufrimiento sino que se alargó, se socializó y se difirió. Antes de aventurarse a promover estas políticas, Paulson y, desde luego, Bernanke bien podrían haber consultado con Woody Allen, uno de los más célebres expertos en depresiones y psicoterapias.
Video 1: Diálogo entre Harry Block y Cookie Willians



- Cookie: Entonces, ¿quieres que te ate?
- Harry: Sí, átame.
- Cookie: Y te pego...
- Harry: Y me haces una mamada.*
- Cookie: Una mamada y te pego...
- Harry: ¡No! pégame y hazme una mamada. Si el orden no es el correcto no tiene gracia. Átame, pégame y hazme una mamada.
 
Al igual que a casi nadie se le ocurriría iniciar las tareas de reconstrucción antes de terminar la guerra o de, cuando menos, tener neutralizado al enemigo, demuestra poca soltura intelectual poner los fondos públicos destinados a los rescates en las mismas manos que los hicieron tan necesarios. Hemos de reconocer que dar el dinero a semejantes gestores para, a continuación, imponer medidas de austeridad pública que nos dejan maniatados presenta una ordenación de los factores que, como diría Harry Block, no tiene gracia.
El helicóptero de Bernanke o la manguera de gasto público que defienden Krugman o Stiglizt constituyen la estéril descendencia del híbrido maridaje entre una ramplona buena intención y una enaltecida hybris. ¿Acaso puede el Estado o la autoridad monetaria cubrir los estragos de una acumulación enloquecida de deuda privada? ¿Y de qué sirve estimular el consumo en economías que han perdido competitividad y acusan déficit exterior?
A costa de la deuda pública se ha puesto una ingente cantidad de dinero fresco en el mercado y las bolsas lo han agradecido durante un breve lapso de tiempo; pero ni rastro de una recuperación sostenida del PIB ni del empleo. Humildes tiritas para un corazón partío.

Gráfico 1: PIB USA


Gráfico 2: desempleo desestacionalizado USA


Sin embargo, no todo ha ido mal: el dinero fácil va viento en popa, el lujo vive una época dorada al amparo de un capitalismo tahúr (de cartas marcadas y mesas revueltas) y empresas como Ferrari han batido su record histórico de ventas -con EEUU y China como mercados más destacados.

Gráfico 3: Índice de lujo en bolsa (Fuente: Savigny)



Creo que la frivolidad de esta analogía no menoscaba su exactitud: más que una gran depresión, la nuestra se parece a una crisis de la edad madura conjurada a golpe de VISA, como si ante la pérdida del cabello adquiriésemos un deportivo o para responder al decaimiento del arrebol de las mejillas nos sometiéramos a un tratamiento que reafirmara a un tiempo glúteos, autoestima y esperanza. A crédito, por supuesto. Más allá del placer momentáneo que nos reportan, no parecen estas soluciones ni responsables ni efectivas -y ni nos restituirán la lozanía perdida ni nos devolverán a los tiempos de los fugaces amores estivales.
Como el neurótico judío neoyorkino, Kevin sabe muy bien lo importante que es el timing. (No se pierdan, por favor, el vídeo del enlace de la homónima canción de Kevin Johansen).


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*Traduzco blowjob como "mamada" porque es la solución más correcta, frente a la políticamente correcta por la que opta el doblaje.

miércoles, 3 de agosto de 2011

¡Estad Alegres!

(Publicado en www.economiaypolitica.es el  29 de Julio de 2011)

"Os lo repito: ¡Estad siempre alegres!"

Así exhortaba desde su prisión romana Pablo de Tarso a los cristianos de Filipos, convencido como estaba de que su fe en el Señor era mucho más poderosa que la coyuntura adversa en que se encontraba y que, por tanto, las contrariedades no podían hundirlo en el abatimiento. El entusiasmo no es negociable, y la Esperanza es una virtud cristiana tan prescriptiva como la Fe.
Hoy, pese al barullo electoral, las rebajas de calificación, la crisis de deuda de EEUU, la conocida prejubilación millonaria de la última Caja intervenida y las subidas de sueldo de los máximos directivos de grandes empresas, yo también quiero llamar a la alegría. Hoy mejor que en cualquier otro momento.

Hoy quiero, como Manolo Tena, sacudirme la fama de agorero que me adjudican algunos críticos, amigos y colegas -no en vano, que tildaran el presente blog de "más catastrofista que la sección de ciencia del ABC" fue un golpe bajo del que a duras penas trato de reponerme.
Y es que todas las recesiones o depresiones económicas (por no decir las "crisis", en cuyo concepto mismo está su condición perentoria) son pasajeras, y también la nuestra de ahora lo será. No hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo resista. Somos un país rico y, pase lo que pase, no sonarán en nuestros oídos las trompetas del Apocalipsis.

Gráfico 1: S&P entre 1929 - 1945 y de 2000 a 2011 (Fuente: HFT)


















Además de ser pasajeras, las crisis en el capitalismo no generan sufrimiento en todos los individuos. De hecho, hay muchas historias de éxito que nacieron en momentos así: constituyen ejemplos notorios los de Unilever (1930), Disney (1934),  Microsoft (1975),  Apple (1976) o incluso Google (1998), que experimentó su mayor crecimiento tras la explosión de la burbuja .com.
Además, el mundo no está en crisis y, antes de que los bancos centrales se dedicaran a intentar taponar los agujeros de los imprudentes, el ritmo al que millones de personas salían de la extrema pobreza era el más elevado de la historia, especialmente en Asia -con China e India como protagonistas.
Gráfico 2: Crecimiento mundial 2000 - 2011 (Fuente: Banco Mundial)



















Pero que estemos alegres, seamos entusiastas y creamos que lo mejor siempre está por venir (y que sin duda vendrá) no debe convertirnos en criaturas ingenuas, ni debe sumirnos en un jolgorio atolondrado que mine nuestra capacidad de crítica -y por cierto, cuánto mejor expresarla tirándonos de las barbas o incluso profiriendo alguna blasfemia que indignarnos o sumarnos a la grey okupa con Llamazares como profeta.

Las salidas de la crisis de deuda siempre se resuelven impagando parte de la misma. Si los ordenamos atendiendo a su valentía y eficacia, tendríamos los siguientes tipos de solución:

1) Ajuste rápido con liquidación y/o quiebra de las entidades en problemas, o quita en su deuda y cambio (y en su caso decapitación) de sus gestores evitando dilatar los problemas (Suecia, 1992; Islandia, 2009).

2) Ajuste vía inflación/devaluación con empobrecimiento generalizado y expansión del gasto público (Latinoamérica, años 80).

3) Ajuste lento prolongando el crédito a instituciones zombies (Japón, años 80).

Mi preferencia por la primera opción es indiscutible. Tratar de eludir los problemas o no extirparlos de raíz, como en los casos 2 y 3, sólo los alarga y agrava, si bien es verdad que, al quedar repartidos entre toda la población, algunos -los menos- se benefician: una socialización conservadora donde los poderosos, el establishment, pasa factura a toda la sociedad -en cómodos plazos mas con fuertes intereses.

Hasta este momento, hemos ensayado las vías 2 y 3 sin éxito. Algo parecido a la primera receta es lo que se quiere aplicar ahora con el último decreto del FROB; pero llega tarde, su ejecución es tibia y se está implementando con excesivos titubeos. La patata caliente será para el siguiente (como decía hace poco Llamazares, en uno de sus siempre refinados análisis macroeconómicos).

Creo que en España aún se podrían hacer bien las cosas; tarde y con muchos más daños de los necesarios, pero esquivando males mayores. Aunque decidamos dispararnos un tiro en el pie, o nos lo peguen nuestros socios europeos o americanos, siempre nos quedaría mirar el lado bueno de la vida .

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