domingo, 31 de julio de 2011

Somos Europa

(Publicado en www.economiaypolitica.es  el 14 de Julio de 2011)

Europa no es un país extranjero. Es una realidad que los europeos hemos construido con talento, esfuerzo y ambición.

Es cierto también que, debido al no siempre fácil encaje entre los Estados nacionales y las regiones, Europa ha sido siempre sentida como una especie de superyo: como una institución lejana y muñidora de principios más bien morales que prácticos. Y en cuanto a su falta de sentido práctico, lo cierto es que nunca se ha caracterizado por mostrar  una capacidad de reacción rauda y resolutiva, ni desde luego por su eficiencia en el gasto. Sin embargo, estos bien conocidos puntos débiles no menoscaban el logro que supone la debilitación de fronteras y la ampliación de libertades llevados a cabo en la UE: por eso el proyecto europeo es todavía hoy un referente mundial.

La creación e implantación del Euro supuso un gran paso en la integración, si bien no se vio acompañado por una gestión política eficaz de tan ambicioso proyecto común. Atascados en la Constitución y en la agenda de Lisboa, los europeos no nos hemos dotado de las herramientas necesarias para respaldar políticamente la unión monetaria. En paralelo, y en el contexto de una arquitectura europeísta todavía deslabazada, se ha desatado una crisis financiera mundial sin precedentes desde Bretton Woods. El origen de los desequilibrios actuales proviene de los excesos del crédito privado y las políticas expansivas de los bancos centrales.

En EEUU y Europa se han hecho todo tipo de esfuerzos para recuperar el statu quo de 2007:  expansión monetaria, estímulos fiscales como los que vivimos con el plan E y rescates o subvenciones a sectores como la banca y el automóvil. El resultado de estos intentos se podría resumir en que han supuesto una (en absoluto gratuita) pérdida de tiempo y una transferencia de deuda y riesgo del sector privado a las arcas públicas.

Y en esa coyuntura llegamos a los famosos hechos de Mayo de 2010: Grecia pierde el acceso a la financiación internacional y, para desfacer el entuerto, se construyó de manera improvisada una arquitectura financiera con el FMI, la UE y el BCE que financiaba a Grecia durante 3 años. El esquema de rescate que entonces se inauguró con Grecia y que luego se ha utilizado con Irlanda y Portugal ha fracasado, como se pone de manifiesto en el hecho de que, apenas un año después en el caso de Grecia, y tras unos meses en el de Irlanda y Portugal, se hace necesaria una nueva operación de salvamento.

Que estos rescates -meros parches temporales- no hayan funcionado no es algo que deba extrañarnos: de hecho, han sido diseñados para asegurar la solvencia de los rescatados, y su objetivo era proporcionar la liquidez necesaria para que se ejecutaran los pagos a corto plazo aunque con la aparejada exigencia de infligir cierto dolor a los salvados. En resumidas cuentas, los que  hasta ahora han sido verdaderamente rescatados son los acreedores, de modo que la eficacia del procedimiento no puede ser mayor que la de recitar unas oraciones aderezadas con cilicio.

Es comprensible que se exijan medidas duras a los rescatados: solo así la aportación de fondos resulta presentable de cara a la opinión pública de los países contribuyentes y, de paso, se reduce la sangría por la parte del gasto. Pero la doble finalidad punitiva (oculta) y restrictiva (declarada) de los recortes no los vuelve más eficaces: aumenta la liquidez pero no la solvencia.

Alemania ha sido la gran defensora de este modelo de rescate: no en vano sus bancos y fondos de pensiones han ido cobrando los vencimientos y la popularidad de Merkel no se ha visto totalmente socavada por prestar apoyo a ciertos vecinos dudosos. La oportunidad temporal de cada crisis de deuda europea ha ido debilitando el Euro como respuesta a cada Quantitative Easing en EEUU.

Gráfico 1: QE2 y crisis de Irlanda (Fuente: FXTimes)


Sin embargo, es paradójico que sea precisamente Alemania quien imponga una férrea disciplina: precisamente Alemania, que fue pionera en incumplir el Pacto de Estabilidad, impulsora de las rebajas de tipos de interés y pilar fundamental para que se mantuvieran bajos durante más tiempo del que convenía a las economías periféricas; téngase además en cuenta que consiguió  un canje más barato de su moneda nacional (consiguiendo una devaluación competitiva permanente).

Gráfico 2: Cotización Marco Peseta (1995 - 1999)
Marco Peseta 1995 - 1999

Sin embargo, el modelo simple "rescate a cambio de ajustes" no debería sostenerse mucho más tiempo. Europa debe ser la solución, y las renuncias nacionales la clave para encontrar la madeja que nos permita salir del laberinto. Ya hemos gastado mucho tiempo y energía en transfusiones keynesianas y monetarias. Mientras no se ataje la hemorragia de la falta de competitividad, estos impulsos necesariamente implicarán un indeseable incremento de la deuda y del déficit exterior así como la contribución europea al incremento del precio de las materias primas y, con todo ello, el enquistamiento de los viejos e irresueltos problemas.

Las medidas de austeridad y reequilibrio de la riqueza son necesarias, es cierto; pero es más necesaria todavía una estrategia de salida que promueva la quiebra de las entidades ineficientes así como la adecuación del precio de los activos a nuestra posición real de prosperidad mundial. Ni nuestras bolsas ni nuestros inmuebles deben ser sostenidos. Bien es verdad que el ahorro de nuestros mayores está ahí; sin embargo, si los jóvenes no trabajan no se puede garantizar el valor de los ahorros, ni siquiera por decreto.

Los acreedores deben asumir su propia responsabilidad y prepararse para sufrir pérdidas. La manera más justa de repartir las responsabilidades y compartir un destino común es canjear la deuda por acciones, y que los nuevos propietarios arramblen tanto con los gestores fracasados como con sus ruinosos modelos de administración. Un buen ejemplo en este sentido es el modelo sueco de rescate bancario. Es cierto que, dada la presencia de inversores internacionales y entidades que -por definición- no participan en el capital, el ensamblaje de la recapitalización europea es un verdadero encaje de bolillos. Pero que nadie espere una alternativa sencilla o indolora, y el default  sin más o la huida hacia delante son peores opciones.

También harán faltas renuncias a nivel político: la necesidad de integrar una política fiscal y presupuestaria será tan grande como exigentes sean las necesidades de financiación. Por otra parte, la Unión Monetaria debe tener poder de veto sobre los presupuestos nacionales. No se trata de hacer una administración más cara o más compleja, sino más coherente. Como bien  apuntaba Daniel Lacalle en twitter, el liderazgo francés y alemán nos hace a muchos ser escépticos. Eso no es óbice, sin embargo, para que la estructura adecuada para la moneda deba ser supranacional.

Gráfico 3: Conversación sobre estructura política en la UME


En lo que atañe a la economía española, la principal renuncia consistiría en el abandono del control y la propiedad de las cajas de ahorros así como el rechazo de la capitalización pública si, como muchos creemos, se hiciera necesaria. Por razones obvias, se debe evitar a toda costa la #viairlandesa.
Pero no solo de pan vive el hombre. Ahora toca recuperar la alegría, y de eso irá el siguiente post. Mientras tanto, gusten los ritmos del ilustre músico de origen helénico, Karajanis, en Berlín.


Video 1: 9ª Sinfonía de Beethoven por la Filarmónica de Berlín dirigida por Karajan

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