viernes, 15 de septiembre de 2017

El coste de la falsa certidumbre

Cada cierto tiempo salen a la palestra cálculos sobre el impacto económico de la secesión de Cataluña, el papel lo aguanta todo, pero un economista honesto debe decir que en caso de espiral de hostilidad los costes crecerían de manera exponencial superando los escenarios racionales. No se debe tomar una cifra como cierta y mucho menos que ésta permita asentar la creencia de que se pueden limitar los daños.

En ocasiones los hechos desbordan las previsiones que pare la racionalidad más instrumental, una de las anécdotas que mejor ilustran este fenómeno es la anotación del diario de Keynes en el verano de 1939 sobre la imposibilidad de que Alemania desencadenara una guerra que no podía permitirse por motivos económicos, de manera casi simultánea a esa reflexión las tropas de Hitler entraban en Polonia. No es una excepción, me contó un exdiputado de UPyD que Emilio Ontiveros estaba explicando en TVE que Irak no entraría en Kuwait cuando le cortaron su análisis para dar la noticia de la entrada de los tanques de Saddam Hussein en el emirato, quizá sea apócrifo, aún no he encontrado la pieza pero cuadra perfectamente con la forma en que los economistas malinterpretamos el mundo; se non è vero, è ben trovato.



Cuando un agente cifra el máximo sus aspiraciones en un suceso prácticamente cualquier coste le es aceptable a cambio de alcanzarlo, la creación de una nación (y/o la destrucción de otra) o acabar con el capitalismo responden perfectamente a este esquema monomaniaco. Esta forma de pensar (y actuar)  sólo alcanza a los más ideologizados pero que tiene una versión blanda para el público masivo: en ella el coste de ese fin es limitado, asequible y las ganancias futuras ciertas y eternas. Da para fundar una religión.
   


Para la propaganda masiva se preparan "argumentos" de conveniencia como ya vimos con el Brexit (y los 350 millones de libras semanales que pasarían de pagarse a la UE a destinarse a la sanidad) o la prosperidad que prometía Marine Le Pen si Francia abandonaba el €, aunque se vista de economía la motivación sigue siendo xenofoba aunque maquillada con los ropajes del simplismo del supuesto sentido común que alienta (siempre) el eternamente fracasado proteccionismo.   

El bien supremo de un nacionalista es tener su propia nación y eso no tiene que ver tanto con la cultura, la lengua o las leyes, no hace falta una nación para nada de eso, se trata de excluir a los impuros de un nosotros como bien contaba esta semana Juan Cla de Ramón.  
Estos días hemos podido ver esa xenofobia del independentismo catalán que siempre ha señalado Arcadi, sin pudor dicen: somos especiales, somos sonrientes, somos mejores y su consiguiente sois distintos, sois inferiores (para así tratar de paliar un profundo complejo de inferioridad). 


España en general y Cataluña en particular están altamente endeudadas y además siguen precisando de financiación constante y creciente para mantener el actual Estado de bienestar. El encaje en la unión monetaria ha permitido sostener durante una década de crisis los servicios a costa de un déficit y un crecimiento de la deuda que no encuentran con facilidad precedentes y comparables similares en el mundo. En un hipotético (e improbable) proceso de separación se pondría en grave riesgo el funcionamiento del Estado, e incluso por el calibre de España la continuidad del €, valorar los efectos de un escenario como ese donde hubiera enconamiento excede cualquier previsión catastrófica y me recuerda a la atribulada pregunta que una periodista de Radio Nacional hizo en directo la tarde del 11-S a un responsable de bomberos de Huelva experto en catástrofes. ¿Cuánto tardarán en desescombrar la zona? 

Es insensato creer que hay a corto o medio plazo posibilidades de escenarios de equilibrio, no hay ningún punto intermedio entre disolver o no disolver España y menos cuando el objetivo de una parte es  España y/o el capitalismo, v el escenario más negro lejos de verse como un horror sería la oportunidad para su Nueva Jerusalén, su definitiva arma revolucionaria.

La economía puede sobreponerse a cualquier desastre, sólo hace falta repasar la historia de Alemania Occidental o Japón después de 1945, si bien es cierto que para ello tuvieron que ir justo en el sentido contrario del nacionalismo. El argumento para impedir el golpe de Estado secesionista no puede ser económico, es moral, cualquier punto entre la igualdad de los conciudadanos y la xenofobia es un paso hacia la indignidad y en eso no se puede hacer ninguna concesión.

lunes, 9 de enero de 2017

El escozor de la proximidad

Pablistas y errejonistas, sanchistas y susanistas, estalinistas y trotskistas y tantos y tantos otros se empeñan en dar la razón a Churchill, Adenauer y Andreotti sobre la naturaleza fraterna, en el sentido de Caín y Abel, de las relaciones entre camaradas, colegas y conmilitones.  

La competición democrática y la lucha por el poder cuando tienen éxito se rigen por comportamientos completamente antagónicos, mientras que la suma de mayorías requiere atraer al diferente y mezclarse con él, la conquista y conservación del poder precisan justo lo contrario; exagerar las diferencias, purgar al rival (compañero) y mostrar sobreactuadamente cuánto daña el herético (o el líder) a las esencias y posibilidades de una comunidad sea ésta un partido político, un régimen totalitario, una disciplina del conocimiento o una forma de entender el arte de cúchares (sea aquíleo como Tomás, o de verónicas pintureras como Morante).


Media verónica de Morante en la Maestranza (Sevilla).






¿Por qué nos molesta más si cabe una pequeña diferencia de los más cercanos? quizá porque aspiramos a todo y vemos fines donde solo hay herramientas, quizá porque el sectarismo es un comportamiento más primario y presente que la generosa cesión estratégica y racional, o porque no entendemos las ventajas de la colaboración y nos gusta más el maniqueísmo que a Pablo Iglesias una cámara (aunque le capture abrazado a un leño que parezca la profética calavera de Errejón Yorick). 

Ser un vero antisistema neocomunista hace ver como peor que sospechoso de quintacolumnismo a los anticapitalistas que son sólo populistas, ser socialista del no es no y estar dispuesto a cambalachear la pertenencia al € o, peor aún, que el grado de cohesión social dependa de la pertenencia a un territorio hace que uno sea visto como un peligro para la continuidad del PSOE.

La honestidad intelectual sólo permite ir en pos de la verdad a contracorriente, y eso viene unido indefectiblemente al espíritu crítico como brújula que no nos permita perdernos en nuestras propias inercias, algo que Javier Hernández Iglesias expresaba en un tuit que recojo abajo y que queda listo para cincelarse en mármol. Siendo esa la actitud idónea a para las ideas y el acuerdo democrático no lo es en absoluto para la disputa del poder y quizá explique al menos en parte los rotundos y reiterados fracasos de los intelectuales como políticos, los atajos ideológicos son el antónimo del espíritu crítico.

La acción política necesita tanto competir democráticamente como el descarnado ejercicio de la lucha por el poder y para ambas cosas se precisa liturgia y teatralidad, pero sería más que deseable que a diferencia de lo que sucede en estos groseros días de Sálvame Político televisado y tuiteado, ni espectadores, ni actores adoptaran el método hasta el extremo de Moliere en el Enfermo imaginario


El espíritu crítico en un tuit.












Aunque más que nunca se precisa del liberalismo para alumbrar un nuevo tiempo para después de una crisis decirse liberal es una estrategia indudablemente perdedora a corto plazo en España; populistas, neocomunistas y fascistas describen como neoliberales a todos los demás, entre socialistas es sinónimo de apestado (en el PP de Rajoy no es muy distinto) y en general en la lucha interna de los partidos* el liberal tiene tantas opciones de supervivencia como el gordito con gafas pasados los primeros minutos de una peli de terror. 

Entre liberales pese a la enorme hostilidad externa de la polarización hay fricciones, filias y fobias que pueden originar o que originan facciones. Ilustraré con una anécdota lo que digo y distinguiré dos puntos de desencuentro: la corrección política en el que se inserta lo que cuento en mi anécdota y el viejo e inútil pulso entre liberalismo político y económico, vamos con la anécdota y dejemos para el siguiente párrafo las categorías: pese a que presumamos de racionalismo he participado en debates con compañeros que producen los mejores textos de nuestra generación donde se han tomado decisiones atendiendo a simpatías animalistas ¡cuando trabajábamos sobre Estado y bien común! 

Otro tanto ocurre con el entusiasta auge de la incorrección política, algunos han creído errónea o perversamente que es buena idea compensar los indiscutibles errores y excesos del cosmopaletismo, la masculinifobia, la animalocracia, el pachamamismo o el supremacismo de las llamadas minorías étnicas, con unas gotas de machismo, crueldad, nula conciencia ecológica o racismo. No, este pensamiento homeopático es una aberración inaceptable, la suma de errores nos hace peores y los del segundo tipo abyectos, no cabe usar dosis tóxicas para corregirnos. Perseguir lo correcto debe ser innegociable y para ello debemos desterrar los usos bastardos de la corrección y no cejar en la actitud que pretende erradicar las injusticias por más que esto sea un ideal inalcanzable en su totalidad pero donde logramos indiscutibles avances en las últimas décadas. Sobre la corrección, corrección e incorrección política también quiero rescatar un buen tuit de Miguel Ángel Quintana

Sobre la vieja y melancólica pelea entre liberalismo económico (conservador) y político (socialdemócrata) por ser quien porte la bandera del liberalismo pata negra es mejor no añadir nada salvo la extrañeza que produce ver como objeto de deseo una etiqueta que se parece a una prenda reflectante para pasear en una noche de principios de los noventa en Sarajevo. 

Lo correcto y lo políticamente incorrecto en un tuit.













Pese a que decirse liberal es una mala estrategia, España va a ser gobernada por un largo periodo atendiendo a principios liberales de tolerancia, justicia y libertad, éste y no otro es el mayor mínimo común denominador posible, los paraísos identitarios nacionalistas o anticapitalitas (de clase) cuentan con un indiscutible volumen de apoyos y una cantidad aún mayor de quienes rechazamos con todas nuestras fuerzas esos caminos a Waco incendiado. Cuanto mayor es el apoyo a los rupturistas más crece el rechazo mayoritario.

El que suma gana y lo administra el que resiste, Rajoy lo ejemplifica hoy al acoger del modo más creíble a todos los que rechazan** el populismo y el secesionismo, a casi nadie le debería extrañar que en España esa y no otra sea la estrategia ganadora. Rajoy no satisface a los suyos, tampoco lo necesita, no tiene todavía (quizá por poco tiempo) quien le discuta su posición desde la proximidad quienes podrían hacerlo estaban en sus propios asuntos o no han sido capaces de salir aún de la caverna del Tinell.









* Fui militante de UPyD y sé de lo que hablo, pese a ser un partido con un manifiesto que bebe de lo mejor del liberalismo la vida interna del partido (presupongo que como los demás) se regía por un ortodoxo centralismo democrático.


 
* *Las coaliciones se definen en muchos casos de un modo negativo, la estrategia anti PP que le dio el éxito a R. Zapatero es un fracaso estando la izquierda dividida y subsumida en nacionalismo y neocomunismo, esta posición es débil, insuficiente y afortunadamente fortalece al PP aunque lamentablemente sin necesidad de méritos propios.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El cielo, las ideologías y el precio de los garbanzos

Sedimentando mis reflexiones sobre los últimos resultados electorales y pensando en paralelo sobre la división de la izquierda y la postración de la derecha emitía esta mañana en mi paseo de vuelta a casa unos tuits que mi amigo Miguel Ángel Quintana Paz me pidió empaquetar, aquí los vierto encadenados como si fuesen éxitos de M-80 o un lisérgico discurso de Rufián en sede parlamentaria. Cualquiera de los tuits desarrollado da para un artículo y todos ellos para una reflexión más larga sobre qué es ser progresista y liberal hoy, de momento aquí os dejo mi telegrama para después de una victoria de Trump contra la exquisita Clinton.





















A la izquierda exquisita hace mucho que le aburre el bienestar de los trabajadores y su agenda se centra en el ornitorrinco asiático* y así.


A la izquierda arcaica y embrutecedora le mueve antes el odio al capital y Occidente que cualquier otra cosa.

Es lógico que la izquierda exquisita y la embrutecedora sean agua y aceite y ambas ajenas al ciudadano (excepto en sus fobias comunes).

La izquierda embrutecedora da miedo y la exquisita risa pero tanto unos como otros están encantados de haberse conocido.

Ojalá el progresismo se abrace a su madre: el pensamiento liberal, y abandone la tiranía de la soberbia o la corrección política extrema.














Debemos ser firmes con los valores de la corrección política pero aún más con el respeto de las minorías.

La derecha europea renunció a producir ideología propia hace décadas, adopta la de la Izquierda exquisita con un retardo de lustros.


¿Va a ser la globalización un raro paréntesis que estamos cerrando ya?








*Selecciono a propósito un animal exótico y un continente lejano ya que la furia de la corrección política aconseja no decir ni ¡mu!, ya que es muy probable que si les nombras directamente en vez de facha pases a ser un puto facha (e incluso con distinción de mierda).

Tertulia en Capital Radio sobre la derrota del Partido Demócrata en EEUU




https://us.ivoox.com/es/clase-trabajadora-reniega-del-partido-democrata-via-audios-mp3_rf_13693395_1.html


ANÁLISIS de las elecciones de EEUU con Pablo Carbajosa, director del Club de Debate de la Universidad Pontificia Comillas; Andrés González, coautor de 'La economía a la intemperie'; Alana Moceri, profesora de comunicación política en la Universidad Europea de Madrid y Jorge Díaz Cardiel, director general de Advice Strategic Consultants.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Sully

Id a ver Sully, la peli de este año de Eastwood, os gustará por la delgada línea que separa al héroe del irresponsable, los dilemas que se plantean en momentos de crisis entre la tecnología y el factor humano o el papel de las instituciones (contra el individuo) o quizá por como se expone el rol de los medios de comunicación en la sociedad del espectáculo.
Además es otro show de Tom Hanks, a alguno le parecerá (con razón) exagerado.
A mi me gustó la película, a Boyero no (eso suele ser garantía).









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